Los fundamentos son lo más importante

 

Una familia envío a su primogenito a un templo budista a estudiar Kung Fu.
La primera mañana, el joven se presentó con el maestro del templo y le dijo:
– “Estoy listo para aprender”
El maestro le respondío:
– “Toma ese balde, llenalo de agua, y golpealo hasta que quede seco”.

El joven tomo el balde, lo llenó y lo golpeo durante todo el  día, hasta que quedo seco.
Una vez que terminó, le llevó el balde al maestro, que lo observó y le dijo:

– “Puedes ir a dormir”.

La mañana siguiente, el joven se volvío a presentar ante el maestro, que le dijo:

– “Toma el balde, llenalo de agua, y  golpealo hasta que quede seco”.

Y cada mañana, el joven se presentaba con el maestro, que repetía la misma instrucción, y todos los días el joven golpeaba el balde lleno de agua, hasta secarlo.

Y así pasó un año entero. El joven fué a visitar a sus familiares,quienes no perdían oportunidad de presumir ante
sus vecinos y conocidos que su hijo estudiaba con los maestros del templo.

– “¡Nuestro hijo es extraordinario! Ha estudiado un año en el templo”
– “¡A estas alturas debe ser casi un maestro!”

Los comentarios ensalzandolo iban y venian, y el joven, temiendo decepcionar a sus padres, ya que no había hecho otra cosa más que golpear baldes con agua todos los días, comenzó a irritarse.

– “Estoy tan orgulloso”, dijo su padre – “Estoy seguro que con todo lo que ha aprendido, será un maestro en poco tiempo”

El joven no soportó más la situación y golpeo la mesa con su puño y gritó:

“¡Pero si no he aprendido nada!”

Toda su familia guardó silencio y el joven se apresuró en disculparse; sin embargo, su familia seguía muy seria. Entonces
bajo la cabeza y vió que la gruesa mesa de madera de roble se había partido en dos.

La moraleja de la historia, por supuesto, es que prácticar lo básico es lo más importante, la excelencia es alcanzada dominando los fundamentos.

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